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El canto frágil

Joan Vilaplana Comín nació el 17 de septiembre de 1953 en Barcelona, ciudad a la cual fue a vivir en 1974 después de pasar la infancia y la adolescencia en Esplugues de Llobregat. Sus padres regentaban una panadería en la Plana, barrio popular de esta población del Bajo Llobregat. Cursó los estudios primarios en la escuela pública de esta localidad y estudió el bachillerato en los Escolapios de la calle Balmes de Barcelona, donde coincidió con dos adolescentes que más adelante se dedicarían a las artes escénicas: Joan Lluís Bozzo y Paco Mir. Atraído por el fútbol, mientras estudiaba la carrera de Farmacia jugó con el equipo juvenil del Español y con otros de su comarca.

El grupo scout y la biblioteca de Esplugues de Llobregat fueron dos lugares clave en el despertar de su vocación artística. La entrada al escoltismo, a los quince años, le permitió descubrir los cancioneros del Grup de Folk; cantaba composiciones del repertorio de Bob Dylan, Donovan y Joan Baez con sus compañeros. Pronto montó su primer conjunto musical, el grupo Nosaltres, que duró de 1969 a 1972: “Formaban parte Jaume Abad (guitarra), Marcel Casellas (contrabajo, que después ha tocado en muchos conjuntos), Carlos Collazos (batería, que después fue miembro de Melodrama), Enric Farré (flauta) y yo, que cantaba y tocaba la guitarra rítmica. Nuestro repertorio lo constituían canciones mías y temas instrumentales de Marcel Casellas; actuábamos mucho, sobre todo en espacios de nuestra área: Cornellà de Llobregat, Molins de Rei, Hospitalet de Llobregat…Nuestro nexo de unión era la biblioteca del pueblo, que entonces era el lugar de encuentro de la gente interesada por la cultura. Había un grupo de teatro que nos encargó la música para una obra de teatro de Bertolt Brecht que estaba preparando” recuerda el cantanteLa Cova del Drac, un pequeño local de la calle Tuset de Barcelona, era entonces el núcleo principal de operaciones del colectivo impulsor de la canción en catalán. Se organizaba el concurso Promoció de Noves Veus (Promoción de Nuevas Voces). Llorenç Torres fue el ganador de la primera edición, y Ramon Muntaner ganó la segunda, en la cual Nosaltres quedó finalista: “Nuestra propuesta gustó a Joan Molas y Núria Batalla, los representantes de Lluís Llach, y nos contrataron para su oficina de management. Primero ficharon al grupo y después me cogieron a mí sólo. Pasé una temporada cantando en solitario, acompañado solamente a la guitarra por Jaume Abad. Tenía que elegir un nombre artístico y no se me ocurría ninguno. Núria me preguntó cuales eran mis otros dos nombres de bautizo; como también me llamo Isaac y Gumersindo, los nombres de mis dos abuelos, la elección fue fácil: Joan Isaac. Desde entonces el público me conoce por este nombre. Se hace extraño ir por la vida con un nombre que no es el tuyo, pero te acabas acostumbrando. Los familiares y los amigos todavía me llaman Joan”

Joan Isaac se incorporó a la canción en catalán como miembro de la generación posterior a la de Lluís Llach y Maria del Mar Bonet. Esta generación se dio a conocer al público en mitad de los años setenta, en plena efervescencia de la transición del franquismo a la democracia: “Me gustaba escribir canciones y actuar en público, pero nunca me habría imaginado que podría compartir escenario con los cantantes que más apreciaba. Primero llenaba las primeras partes de los recitales de Lluís Llach, María del Mar Bonet, Quico Pi de la Serra, Pere Tàpias y Ovidi Montllor. Aquellas veladas para mí fueron una experiencia deslumbrante. Comencé en el contexto de una nueva generación de cantantes y grupos en los que Ramon Muntaner, Marina Rossell, Coses y yo éramos los más conocidos. Poco a poco, fuimos generando nuestra propia demanda y los organizadores de conciertos comenzaron a llamarnos desde cualquier parte de los Países Catalanes. La sociedad civil del país tenía entonces una visión de futuro de la canción en catalán y daba oportunidades a los jóvenes que teníamos que relevar a los pioneros de la Nova Cançó para favorecer la renovación….Coses era un grupo muy potente, con una personalidad bastante fuerte. Fue derivando hacia el rock, en una estética en la que también estaba Pau Riba, Sisa y Oriol Tranvia, entre otros. Yo entonces todavía no había escuchado apenas las bandas de música progresiva y l´ona laietana (la onda layetana), que en aquel tiempo tenía gran resonancia. Así y todo, los arreglos de mi primer LP tenían estética rockera, porque entonces yo todavía no controlaba el conjunto de los aspectos de producción de mi obra. Marina Rossell y yo éramos más bien cantantes escolásticos y ortodoxos. El caso de Ramon Muntaner era diferente, porque el cantaba poemas de escritores y se movía en un entorno más intelectual.”

El movimiento de la canción autóctona era entonces una escuela donde los nuevos artistas aprendían el oficio: “Haciendo de teloneros de las grandes figuras se me fueron abriendo muchas puertas. Mientras tanto me iba familiarizando con la cultura del país. Comencé a leer bastante, sobre todo, a Joan Salvat-Papasseit, a Josep Carner, a Miquel Martí i Pol, y a Jaume Vidal Alcover, del cual grabé un poema en mi primer LP. También entré de pleno en el universo de los poetas franceses, especialmente de Paul Verlaine, Arthur Rimbaud y Louis Aragon, de quién también grabé un poema en mi segundo álbum, en una adaptación preciosa de Josep Maria Espinàs, una de las personas que nos ayudó en los comienzos, con Joan Ollé, que me asesoró literariamente. Entonces iba a comprar a Andorra los discos de los cantantes en lengua francesa que iba descubriendo: Georges Brassens, Jacques Brel, Claude Nougaro, Léo Ferré, Gilles Vigneault, Felix Leclerc, Robert Charlebois…”

El final de la primera mitad de los años setenta fue una etapa fértil artísticamente para Joan Isaac: “Tuve el privilegio de actuar en Lisboa poco después de la Revolución de los Claveles. Aquella prácticamente fue mi primera salida fuera. Yo era el hijo de un panadero de Esplugues, había crecido en una familia sin antecedentes de inquietudes por la cultura y la política. No había visto apenas mundo. Viajar a Lisboa fue una revelación insólita. Me impactó ver en las calles tenderetes con publicaciones de formaciones políticas y hasta con revistas pornográficas. Canté al lado de José Afonso, José Mario Branco, Luis Cilia y otros cantantes portugueses. Entonces había un intercambio constante entre cantantes de diferentes países. En aquella misma época me establecí en Barcelona; fue como ir del pueblo a la gran ciudad y ver el mundo por un agujero. Los recitales entonces estaban muy politizados y me sentía incómodo en aquel contexto, aún cuando llegué a escribir algunas canciones de contenido político. No me veía en el mismo cesto que los otros cantantes. Me daba cuenta que mis canciones no podían hacer levantar banderas. Siempre he escrito y cantado canciones autobiográficas. En todo caso, he intentado llegar al público a partir del hecho de explicar una realidad personal de mi mundo íntimo que fuera universal y con la cual se pudiera identificar mucha gente. En aquel momento las posiciones ideológicas estaban muy radicalizadas. El sector del monolingüismo estricto dominaba la situación. Me adscribí de una manera natural, pero me parecía excesivo que hubiesen arrinconado a Joan Manuel Serrat. Yo era un fan de Serrat; el primer disco que me compré en mi vida es el de “Marta” y “Per Sant Joan”.”

Después de haber editado dos discos sencillos, en 1975 publicó su primer LP, És Tard, con arreglos de Manel Camp. Se trata de un disco marcado todavía por los tanteos de la adolescencia. La eclosión de Joan Isaac como cantante no se produjo de hecho hasta 1977 con el lanzamiento de su segundo álbum, Viure (Vivir). El disco contiene piezas de espíritu existencialista, como la que da nombre al LP, “Un dia partiré” o “El desencant”, escrita teniendo en cuenta una cita de Gilles Vigneault: “No hi ha temps per perdre. Només hi ha temps perdut” (No hay tiempo que perder, sólo hay tiempo perdido). Otra cita en la contraportada del disco sintetiza la filosofía del cantante: “Quan la fe esdevé desencant, quan la il·lusió se´n va, damunt les runes de tants temples ensorrats s’alça un nou Déu per adorar, gran i míser a la vegada: la vida, el fet de viure” (Cuando la fe se vuelve desencanto, cuando la ilusión se va, por encima de las ruinas de tantos templos derrumbados se alza un nuevo Dios para adorar, grande y mísero a la vez: la vida, el hecho de vivir). La canción que tuvo más repercusión de Viure fue “A Margalida”, que evoca la trágica muerte del joven anarquista Salvador Puig Antich, uno de los últimos militantes políticos fusilados por el franquismo.

“Yo salía con Carme, una hermana de Salvador. Cuando él esperaba su proceso, traté mucho a la familia y viví de cerca aquellos días durísimos. Unos años después de su muerte, un día, cuando estaba grabando Viure, en el camino del estudio de grabación a casa, me vino la idea de escribir “A Margalida”. Terminé la canción al llegar, en sólo un par de horas y la grabé al día siguiente mismo. Tiene un tratamiento musical muy austero, a diferencia del resto de las canciones del disco, que toman un aire sinfónico por la implicación de los músicos que me acompañaban entonces: Rafael Escoté (bajo eléctrico), Jordi Martí (batería), Jep Nuix (flauta) y Jordi Vilaprinyó (teclados). Estos músicos montaron entonces el grupo Gotic, que publicó un solo LP, Escenes, hoy muy buscado por coleccionistas de rock sinfónico. “A Margalida” tuvo un éxito inesperado. De hecho, era la primera canción de la segunda cara del LP. No contaba con que pudiese llegar tanto al público” comenta el cantante, que presentó Viure en concierto en el Palau de la Música Catalana de Barcelona con un notable éxito.

.No sé on ets, Margalida,
però el cant si t’arriba
pren-lo com un bes.
Crida el nom del teu amant:
bandera negra al cor

dice el estribillo de “A Margalida”. Casi treinta años después de haber perdido la pista de Margalida, el cantante la reencontró: “Quedamos en un restaurante. Fue casi una cita a ciegas. Yo recordaba una chica de veinte y pocos años y me encontré una mujer que ya había cumplido los cincuenta. Fue muy emotivo. Me explicó como la canción le había cambiado la vida, porque ella es mallorquina y en Mallorca mucha gente sabía que era la compañera de Salvador Puig Antich, aunque ella no lo dijera nunca.”

La atracción que siente Joan Isaac por la canción en lengua francesa le hace presentar su tercer LP, Barcelona ciutat gris (Barcelona ciudad gris), que data de 1980. Sobre todo en el concepto de arreglos y en dos canciones: “Amic Jacques”, imponente homenaje a Jacques Brel, y “El desertor”, adaptación del célebre tema de Boris Vian. El álbum, en que colabora Quico Pi de la Serra (al cual Joan Isaac dedica una canción), reúne algunos de los temas más celebrados de su carrera: “Després d´aquest cafè”, “Confessió”, etc. Un año después, en 1981, interpretó una selección de las composiciones de este LP en uno de los recitales más triunfales de su carrera, en el Teatro de la Villa de París: “Allá me sentí tratado como un profesional de la canción. Incluso entre el personal del teatro había una mujer que te planchaba la camisa antes de salir a cantar...” El público y la crítica francesa celebraron la calidad artística del cantante catalán, continuador de la canción de autor más sensible a los grandes temas clásicos tratados por el género.

La crisis de la canción autóctona en el inicio de los años ochenta desorientó a Joan Isaac, que se dejó convencer por los que le aconsejaban que buscase un arreglista madrileño para las nuevas canciones, Luis Mendo, un excelente músico que no acabó de entrar en el universo del cantante. Su cuarto LP, Inesperat, es un disco lleno de buenas canciones con un tratamiento musical que desvirtúa la intención: “Ciao, come stai”, “Viure a dos”, “He canviat”, “Però prefereixo els teus ulls”, “Va dir que es deia temps”… Luis Eduardo Aute i Olga Román cantan en catalán en este disco. Pocos meses después de la publicación de Inesperat, Joan Isaac dejó de cantar y se dedicó con más intensidad a su oficio de farmacéutico, decepcionado por la escasa receptividad social por la canción en catalán que había en el momento.

De 1984 a 1998, Joan Isaac sólo ofreció media docena de recitales. En 1998 reapareció en el panorama musical con Planeta silenci, un disco que la revista Enderrock valoró como el mejor de canción en catalán de aquella temporada. Con arreglos de Manel Camp y Joan Garrobé, incluyó dieciocho canciones: piezas inéditas: (“Cançó per a Isabel”, “Sara”, “Nocturn per a dues dones”y, entre otras, “On és la gent?”, versionada mas tarde por Moncho, uno de los cantantes, junto con Dyango, que ha interpretado temas de Joan Isaac) y revisiones, con nuevos arreglos, de canciones antiguas como “A Margalida”, “Ciao, come stai”, “Després d’aquest cafè”, “Confessió” y “Però prefereixo els teus ulls”, interpretada con Joan Amèric. El cantante avanzó algunas de estas composiciones en el recital de su regreso, en La Planeta de Girona, una de las salas que más estima y a la cual vuelve casi cada año para estrenar su material de nueva creación.

Ya en plena madurez, sacó el compacto De Vacances el 2000, el mismo año que compartió escenario en el Festival del Club Tenco de Sanremo (el más importante del mundo en canción de autor) con Nick Cave y Silvio Rodríguez. En De vacances muestra composiciones recientes de una gran belleza (“Gràcies, vida, gràcies”, “Fer cançons”, “Alícia i el mirall”, “Nits”…) y recupera, replanteados, temas antiguos: “He canviat”, una memorable versión de “Un día partiré” y “Plaça de la Merçè”, en colaboración con Lluís Gavaldà y Joan Reig, de Els Pets.

A punto de cumplir cincuenta años, Joan Isaac se abrió en 2002 a nuevos públicos grabando algunas canciones en italiano para discos colectivos (en los cuales aparece al lado de grandes figuras de la canción de autor universal) y publicó el compacto Joies robades (Joyas robadas), avalado por un texto de presentación de Sergio Secondiano Sacchi, miembro del equipo directivo del Club Tenco. Hace un homenaje a la canción de autor con una colección de versiones en catalán de composiciones de artistas a los que admira, entre los cuales está el cubano Silvio Rodríguez, el italiano Roberto Vecchioni y el mejicano Alejandro Filio, que cantan en catalán en el disco en la primera ocasión en que graban en una lengua que no es la suya.

El 2004 es un año crucial en la trayectoria de Joan Isaac. En febrero actúa en el Camp Nou antes del partido Barça-Albacete y en marzo presenta dos días en el Teatre Nacional de Catalunya el espectáculo Només han passat cinquanta anys (Sólo han pasado cincuenta años), un concierto antológico en el que repasa algunas de las canciones más populares de su carrera con invitados, entre los cuales está el violinista Mauro Pagani, fundador de la Premiata Forneria Marconi y uno de los arreglistas más destacados de la música popular italiana del último cuarto de siglo. De esta actuación saldrá el CD Només han passat cinquanta anys (DiscMedi). En abril de 2005 canta en la Casa de la Cultura de Girona en un homenaje a Jacques Brel en el que también actúan Jordi Fàbregas, Núria Feliu, Maria Laffitte, Ramon Muns y Lluís Miquel. En otoño actúa nuevamente en el Club Tenco de Sanremo, en compañía de Lluís Llach con quien canta “Cala la nit a Sanremo”. Comienza el 2006 con la edición de De profundis (Discmedi) pero tiene que suspender algunos conciertos de presentación debido a una crisis coronaria leve. El 26 de febrero canta en el Palau de la Música Catalana.

Durante el otoño se presenta la película Salvador, con música de Lluís Llach y la ausencia destacada de toda referencia a la canción “A Margalida”, el tema que a lo largo de los años más ha reivindicado la figura de Salvador Puig Antich. En noviembre viaja a Venezuela para actuar en Caracas al lado de Henry Martínez. Participa en el disco Per al meu amic...Serrat versionando la canción “La tieta”. Además, a lo largo de 2006 diversos artistas cantan canciones de Joan Isaac: Aramateix, "Manfred"; y Edu Monteagudo y Sabor de Gràcia, "A Margalida".

En 2007 presenta una selección de sus mejores duetos y compone y graba los temas de La vida al sol, un trabajo que presenta recién estrenado el 2008.

 


X. Planas / J. Vilarnau


con Sílvio Rodríguez

con Guillermina Motta

con Titot

con Maria del Mar Bonet yMauro Pagani

con Lluís Llach

con Ana Belén i Víctor Manuel

con Gorka Knorr

con Margalida

con Paolo Conte

con Mauro Pagani