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Bella dama
si me dierais
el color de vuestros ojos
en la mar lo esparciría
para que fueseis el infinito.
Y unos soldados
vigilarían
la mar ya fuese día o noche
lanzarían sus flechas
por defender vuestro lecho.
Bella dama
si me dierais
la blancura de vuestro pecho
en la nieve lo esparciría
cuando se olvide su vestido.
Y si alguien
os pisara
la blancura de vuestro pecho
colgaría de la torre
del castillo que he dejado triste.
Bella dama
si me dierais
el perfume de vuestros dedos
por los campos lo sembraría
para que fueseis trigo de verano.
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